Para bailar pegando mejilla con mejilla.

Irving Berlin compuso en 1935 una de las canciones que, a pesar de yo haberla conocido hace muy poco tiempo, al ver la película de Woody Allen "La Rosa Púrpura del Cairo" se ha convertido en casi un himno para mí.  Puede que no sea lo mas moderno del mundo pero tiene una cadencia y un swing que consigue tocarme la fibra como muy pocas canciones lo hacen.

Viene a mi cabeza la secuencia de la película de los treinta con el  estilazo de su primer intérprete, Fred Astaire que bailando junto Ginger Rogers susurraba a su oído: 

"Heaven, I'm in heaven, and my heart beats so that I can hardly speak..." ("Cielo, estoy en el cielo, y mi corazón late tanto que difícilmente puedo hablar...".

Así que de vez en cuando la recuerdo, la llevo encima en mi teléfono y la tengo como melodía de mi despertador, la única canción que ha durado más de un mes despertandome sin que me saque de las casillas.


Mi versión favorita de las cerca de setenta que se han grabado es la de Stephane Grapelli y Yehudi Menuhin.


La secuencia original:




Saludos y... a bailar!




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